Foro de discusión sobre la trilogía de Suzanne Collins Los Juegos del Hambre
 
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Bienvenidos al primer foro en español de la saga Los Juegos del Hambre, escrita por Suzanne Collins. En este foro encontrareis todo lo que necesiteis sobre la saga, su escritora y sus personajes, asi como juegos y concursos de todo tipo.
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 Lágrimas de Oro

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Diana Hope
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MensajeTema: Lágrimas de Oro   Dom Sep 19, 2010 4:51 am

Prólogo


En el némesis, cuando los preciados hijos de Dios, los ángeles, todavía caminaban sobre la tierra al lado de sus congéneres mortales, un ángel quiso cambiar las cosas, un ángel quiso cambiar las reglas, un ángel quiso jugar a ser Dios con el fin de darle la gracia de la inmortalidad a su joven concubina mortal...

Jugó a un juego prohibido, jugó a un juego peligroso, jugó a un juego arriesgado... jugó con la vida y la muerte, que, por desgracia para todos y en especial para ella, terminó con un resultado nefasto... todo fue pasto de las llamas, todo quedó reducido a cenizas... un hombre encapuchado, que ocultaba siempre su rostro en la oscuridad de la capucha, con su letal y fiel guadaña en mano vino con la tranquilidad de la propia muerte a por un cuerpo inerte, a por un alma joven y a por un corazón desolado, a por un corazón destrozado.

Una reluciente y dorada lágrimas se desprendió y cayó en alguna parte del mundo, un juramento fue hecho en la lejanía, unas alas de un blanco impecable, de un blanco reluciente, fueron desplegados en ese mismo instante y los mortales pronto nos vimos caminando solos, sin el reconfortante sonido de las pisadas inmortales a nuestro lado en el largo camino que nos llevaría hacia el envejecimiento y la muerte, el camino hacia la parca, sin la presencia de nuestros bellos y perfectos compañeros eternos.

Nunca nadie supo la razón, nunca nadie entendió el por qué, nunca ningún humano aprendió la lección y es que nunca se le debe entregar tu corazón a un inmortal, pues aunque su amor sea eterno y abrasador, nosotros no lo somos. Esa fue la lección que nosotros nunca aprenderíamos, esa fue la lección que nosotros nunca comprenderíamos, pero que ellos procuraron grabarlo a fuego tanto en su mente como en su corazón para que siempre estuviera presente en sus pensamientos el dolor de la pérdida de una compañera mortal.

Ellos se alejaron por lo tanto de nosotros para salvaguardar sus nobles y puros corazones de nuestras frágiles y delicadas manos, que antes o después los dejaban caer, ya que no tenían ni fuerzas ni para sostenerlos y cuidarlos. Y así era como se rompía el regalo que con tanto cariño nos habían dado, desoyendo los dictados de su padre.

La soledad y la desdicha embargaron los corazones mortales, quienes se sintieron desorientados y heridos profundamente por la partida de sus compañeros, pues no sabían el por qué de la partida. Pero el manto del olvido es fuerte sobre nosotros, los mortales, a diferencia de los inmortales en los cuales el olvido no tenía poder, y pronto nos vimos arropados por el olvido, borrados ya los preciosos recuerdos sobre los momentos que pasamos con ellos y que tanto nos hacían añorarlos. Y antes de darnos cuenta no los recordábamos, no eran para nosotros más que meros mitos, parte de los cuentos que se contaban al amparo del fuego del hogar en noches de invierno.

Mientras tanto, en algún lejano lugar, las lágrimas de oro seguían brotando sin parar por un pasado que nunca ni querría ni podía olvidar, por un error que nunca podría enmendar, por un corazón que nunca se podría recomponer...

Tantas deslumbrantes perlas doradas desprendidas desde entonces cayeron sobre un oscuro manto que envolvía el mundo entero, que nosotros lo llamamos noche, adornaron esa oscuridad dándole una luz y una vida que no supo darle al causante de ese dolor desgarrador, a la ama de su corazón.

Así es como se forjaron las estrellas, así es como se forjó la leyenda, así es como comenzó nuestra historia...


Última edición por Diana Hope el Lun Sep 20, 2010 5:01 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Dom Sep 19, 2010 9:12 am

Oh, *shock*. ¡Increible! Has escrito algo magnifico *-*
Espero seguir leyendote, porque escribes de una manera sublime, en serio What a Face
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Diana Hope
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Lun Sep 20, 2010 5:08 am

Gracias, me alegra saber que a alguien le gusta mi forma de escribir. Si quieres tienes otra historia titulada "Pasos en la noche" que podrías leer. O si quieres, voy a ir escribiendo aquí la continuación de esta historia ya que el que habeis leido es el prologo de dicha hhistoria unicamente.
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Lun Sep 20, 2010 5:44 am

1. Capítulo


Riiing!!

“Oh dios no”, ese fue mi primer pensamiento antes de coger el diabólico despertador y estamparlo contra la pared.

Siempre he creído que dicho artilugio fue creado por el mismísimo diablo o de algún retorcido ser que le encantaba fastidiar a los demás quitándoles sus horas de placentero sueño. No me extrañaría averiguar que ese mismo inventor fuera el mismo que inventó los exámenes. Dios, como me gustaría tener una máquina del tiempo para poder impedir la creación de esos maquiavélicos inventos, ¿desear es libre no creéis?

Intenté desperezarme y levantarme de la cama, pero como cada mañana me encontraba pegada a las sábanas. Y ya sabéis lo que dicen, si no puedes vencerlos (a las mantas) únete a ellos (es decir seguir en la cama).

Me encontraba en camino de volver a quedarme dormida nuevamente cuando el sueño que tuve aquella noche me vino a la cabeza. Era ese sueño nuevamente, había tenido ese mismo sueño desde que tenía uso de razón. Siempre el mismo paisaje, siempre los mismos protagonistas, siempre la misma historia inacabada. La verdad es que es muy aburrido soñar el mismo sueño una y otra vez, sin descanso alguno, en especial si tus padres te llevan a todo tipo de especialistas para descubrir el por qué de esas repeticiones y el significado que pudieran tener. Pero a mi parecer no es más que un estúpido y muy cansino sueño que no me dejaba en paz con su eterna repetición.

Aunque… algo había cambiado ese día. ¿Por qué, después de dieciocho malditos años, había decidido cambiar hoy?

Vale, mierda, se me había quitado el sueño.
- Gracias- refunfuñé.
Alguien dio unos pequeños golpecitos en la puerta de mi pequeña habitación antes de que la canosa y siempre tan cariñosa cara de mi tía abuela Violeta apareciera de él.
- ¿Qué nuestra bella durmiente se despertó de su largo letargo?- me preguntó sonriente, cosa que hacía resaltar sus pequeños óyelos, los cuales he heredado de ella.
- Y luego me preguntarán las amigas por donde he sacado la afición de leer y de utilizar ese vocabulario tan peculiar- murmuré.
- Los libros son la memoria del mundo, esas amigas tuyas harían bien leyendo un poco más en vez de ver esas telenovelas…
- Abuela…
- No digo nada- dijo alzando las manos a modo de rendición- Ellas sabrán lo que se pierden como tu si no bajas pronto, el desayuno no sabe igual cuando está fría.

Volvió a sonreírme antes de desaparecer por la puerta.

Me levanté de un salto de la cama y me fui a la ducha a toda prisa. Nadie en el mundo se perdería los exquisitos platos de mi tía, de algo le debió servir el ser el chef de un restaurante en su juventud, ¿no? Dios, se me hacia la boca agua con tan solo pensar en ello, que hambre.
El agua de la ducha caí sobre mi rostro mientras me limpiaba el cabello, era una forma muy recomendable para relajarse, aunque ese día no me sirviera de mucho. Pues sin yo quererlo pronto me encontré recordando mi tan conocido pero hoy tan cambiado sueño con una claridad asombrosa para un sueño.

En él yo era una hermosa joven, con una preciosa melena larga color azabache y un vestido blanco, que se encontraba al pie de un acantilado. Me encontraba inquieta por lo que sucedería, ese día podría ser un gran día, era el día que cambiaría su mundo, era el día que tanto habían esperado ambos. Solo había que esperarle a él, confiaba en él, él conseguiría lo que durante tanto tiempo habíamos estado buscando con tanta avidez… una vida juntos sin las limitaciones de las reglas de nuestros respectivos mundos…

Salí de la ducha envuelta en mi toalla negra, adoro el color negro, y antes de que preguntéis, no, no soy gótica, soy solo una jovencita aficionada a la lectura que viste de negro, así de fácil y simple.

Me sequé el pelo e hice con él lo que pude, que se simplifica diciendo que lo peiné y lo dejaré suelto creando ondulaciones marrones que llegaban hasta mi espalda. Viva el pelo largo.
No perdí mucho tiempo en maquillarme, como siempre únicamente me pinté la raya del ojo y me dirigí al armario en busca de lo que pondría aquel día. No sabía que escoger, si mi camiseta negra con el logo de HIM, los motors negros campanas y botas negras o mi camiseta morada de tirantes con el dibujo con un gato negro con un pentagrama, mis otros pantalones negros y zapatos de tacón bajo. Era un dilema difícil la verdad.

Y lo vuelvo a repetir no soy gótica, lo repito por si a alguno se le ha ocurrido pensar lo contrario. No tengo nada contra ellos, pero simplemente no lo soy y punto.
- Diana- se oyó la voz de mi tía.

Al final me decante por la segunda opción, debía hacer honor a mi mote como Black Cat, y bajé como una exhalación las escaleras hasta la cocina en la que se olía el delicioso aroma de los creps de queso recién hechos, el capuchino y mi zumo de naranja elaborada por las hábiles manos de mi tía, nada de esa porquería artificial, la cual me esperaba en la mesa. Se levantó nada más verme entrar en la habitación.

- Felicidades, mi niña- dijo envolviéndome en un caluroso abrazo, cuando volvió sus ojos a mi noté que las lágrimas surcaban su rostro- Dieciocho años ya, ¿quién diría que hace no mucho eras aquella niña que venía corriendo a mi porque tenía pavor de la oscuridad? ¿O la que lloraba cuando se meabas en la cama cada dos por tres?...- dijo con la vista fija en aquellos recuerdos.
- ¡Tía!- dije sonrojándome.

Una sonrisa se adueñó de su cara.
- Eras tan pequeña y mira lo grande que te has hecho. Pronto iras a la universidad y serás la primera abogada de la familia. No sabes lo orgullosa que estoy y estoy seguro que ellos también lo estarían si estuvieran aquí.

Si, mis padres hubieran estado orgullosos viendo que su única hija hubiera sido aceptada en una de las grandes universidades para que en el futuro se convirtiera en una gran abogada. Si tan solo estuvieran aquí…

Dolía, dolía recordar que jamás los volvería a verlos nuevamente, que jamás me verían coger mi graduado, que jamás me verían conseguir mi primer trabajo… era muy doloroso. Pero lo peor no era eso, si no la falta de imagen alguna aparte de los retratos que mi tía seguía conservando de ellos dos juntos, y es que la parca me los arrebató a la temprana edad de cinco años en ese maldito accidente de coche en el que viajábamos los tres en dirección a casa después de unas largas y merecidas vacaciones. Al camión de enfrente le sucedió algo y no tuvimos tiempo para frenar antes de que diéramos de lleno contra él.

Cuando la policía y los bomberos llegaron al lugar del accidente encontraron con que la trágica y recientemente quedada huérfana niña de cinco años sin un simple rasguño. Los medios hablaron mucho de mí, se dijo que tenía había sido un milagro, que la gracia de dios estaba en mi y que por ello no había muerto en aquel momento, y una mierda, si eso fuera cierto ellos todavía estarían vivos y no muertos como están. Siempre he creído que ese dichoso dios, que tantos y tantos le adoran, debe ser condenadamente retorcido como para alejar a una niña de los brazos de sus padres. Esa es la razón obvia de mi ateísmo.
- Sí, yo también lo creo.
- Y como son tus cumpleaños que mejor forma de empezar el día sino con regalos- dijo intentando mejorar el ambiente que se había tensado al mencionar a mis padres.- Espero que te gusten- me tendió dos cajas con sus respectivos envoltorios y sus lazos de colores.
Como a todos a mi me encantaban los regalos, si a eso se le sumaba mi naturaleza curiosa e impaciente, nos encontraríamos abriendo el primero de los regalos lo más rápido posible, rompiendo el envoltorio de cualquier forma. De todas formas debía romperse para encontrar lo de dentro, así que la sutileza no tenía ningún sentido.

Me llené de alegría al ver que lo que contenía el primer paquete era “Los juegos del Hambre” de Suzanne Collins, era el libro que había estado buscando durante un mes entero sin logro alguno y ahora se encontraba en mis manos. Y no se trataba de un ejemplar cualquiera, sino de un ejemplar de edición especial con la mismísima firma de Suzanne. Creo que empezaría a hiperventilar.

Cuando por fin pude levantar la vista del libro me encontré con la ansiosa mirada de mi tía abuela. Me di cuenta que no me había ni siquiera movido desde que lo cogí y que esa misma falta de movimiento lo había interpretado al descontento por mi parte hacia su regalo. Vi que abría la boca para decir algo del estilo de que si no me gustaba podía devolverlo, o algo por el estilo, así que me apresuré a acallar sus temores. Le ofrecí mi más sincera y deslumbrante mientras le daba un gran beso de agradecimiento.
- Me encanta, te debió de costar mucho.
- Tirando de un par de hilos que tengo en una agencia que se dedica a publicar libros no fue tan difícil encontrarlo- seguía sonriéndome con más alegría si cabe-. Pero abre el segundo regalo, te juro que eclipsa el primero y todo- me instó.

¿Mejor? ¿Qué podría haber mejor que un libro firmado por una de mis autoras preferidas? Cogí entre mis manos la diminuta cajita con envoltorio rojo y un lazo negro, los cuales les quité con un rápido tirón para encontrar una caja de terciopelo negro con bordes dorados. Solo la caja debía de valer lo suyo.

Mis perplejos ojos se volvieron a mi tía abuela Violeta.
- Ábrelo que no muerde.

Me preparé a abrirlo con cuidado, no fuera a romperse lo que había dentro, y si antes me encontraba perpleja con la cajita su contenido me robó el aliento de tan bello y perfecto que era. Ante mis ojos se encontraba un par de pendientes en forma de lágrimas de oro y precioso medallón circular labrado con oro blanco en el que se podía apreciar la silueta de unas majestuosas alas y entre ellas una reluciente lágrima de oro.
- Pero esto…- no podía respirar por la sorpresa.
- Si, eran de tu madre, y es hora de que sean tuyas también.


Última edición por Diana Hope el Jue Oct 07, 2010 2:50 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Lun Oct 04, 2010 5:18 am

¡Me gusta! What a Face
Aunque pobre chica, lo del accidente... lo unico que llevo bueno fue hacerla atea xD
¡Un libro de los juegos con la firma de Suzanne! Ojala fuese verdad *-*
Espero el siguiente capi ^-^
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Diana Hope
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Jue Oct 07, 2010 2:51 am

2. Capitulo



Corría como alma llevada por el diablo hacia el instituto, iba a llegar tarde el ultimo día de clase. Otra vez.
Dios, me había entretenido hablando hasta tarde sobre el tiempo en el que mis padres estuvieron con vida con la tía abuela Violeta, quien había conseguido mi custodia tras su muerte por ser mi única familiar viva, después de que me regalara aquella reliquia familiar tan antigua. Una reliquia que había pasado de madre a hija desde dios sabe cuánto tiempo, una reliquia que indicaba que la hija mayor de la familia se había convertido en una mujer adulta. Era asombroso ver todas esas fotos y retratos familiares que los llevaban al cuello la reliquia familiar, desde mi tatara tatara tatara… lo que se abuela mía pasando por mi difunta madre hasta mi reciente foto con ellos puestos. Era un honor para cualquier mujer de nuestra familia figurar en aquel álbum familiar. No era de extrañar que se me hubiera ido el santo al cielo con todo aquello. E iba a pagar con ellos.
A la lejanía vi la silueta inconfundible de Laura, ¿quién más podría estar apoyada de esa manera en la pared como si todo el mundo fuera su enemigo?
- Hola virus- la llamé con voz entrecortada por la carrera mientras me acercaba a ella corriendo.
- Ya era hora, me estaba aburriendo de tanto esperarte aquí, ¿sabes la hora que es?- me contestó a modo de saludo.
Esa era nuestra querida Laura, con su mata de pelo negro que le caía por la espalda y sus ojos verdosos que destacaban en su cara, y, cómo no, su querida ropa punki. Por la cara que ponía en aquellos momentos debía de tener uno de sus días en la que era capaz de morderte si no sabias tratarla adecuadamente. Afortunadamente para mí yo era una de las pocas personas que dominaba ese difícil arte con bastante maestría.
- A ver si acierto- dije pensativa-. La primera opción es que Maggie ha estado picándote y tomándote el pelo como nunca y por eso estas así o la segunda opción sería suponer que ha pasado algo con Nacho, otra vez. ¿Cuál de las dos es la razón de tu enfado, la cual estas pagando conmigo? - le pregunté intrigada. Su vida me parecía como un gran culebrón mexicano en vivo y en directo, ¿para qué la tele si la tenía a ella?
- ¿Tú que te crees?- contestó malhumoradamente haciendo un mohín con la boca- Nacho me ha dicho que ha vuelto con Jane después de que esta le hubiera puesto los tubos por otro en las navidades pasadas, pero como es masoquista le ha perdonado por enésima vez y vuelven a estar de nuevo juntos. Yo no entiendo lo de este chico- gruñó-. Un día me dice que soy su única mejor amiga y que no puede estar sin mi compañía y al día siguiente me viene diciendo que está con otra y como no quiere herirme mis sentimientos, pues sabe que voy por él, que va a dejar de hablar conmigo por una temporada porque quiere que lo olvide para no hacerme sufrir- hubo un brillo de tristeza apenas perceptible en sus ojos-. No sé qué hacer- terminó con un suspiro.
Sabía que yo era una de las pocas personas que le mostraba abiertamente su abatimiento, normalmente habría utilizado su máscara de persona osca y un tanto violenta para hacerles ver a los demás que estaba bien, pero eso no funcionaba conmigo. Además teníamos suficiente confianza la una en la otra como para no mentirnos con estas cosas y no contarles nada a personas inadecuadas o en algunos casos a nadie en absoluto.
Por esa misma amistad sentí pena por ella, pues se merecía a un chico bueno junto a ella, y odio hacia Nacho, porque la utilizaba como si fuera un pañuelo al que podía recurrir a ella cuando le apetecía. Si algún día de estos pillaba a ese tipejo…
Le unas palmaditas en el hombro.
- Todo terminará bien- le aseguré.
- Eso espero- entonces sus ojos fueron a atrapar los míos con una intensidad terrorífica-. No se lo cuentes a Ana o mañana en las noticias informarán sobre tu muerte, ¿entendido?
Fingí un estremecimiento al oír aquello, sabía que era una broma, además estaba acostumbrada a oír muchas como aquella salir de su boca cuando estaba enfadada.
- Descuida- dije alzando las manos a modo de rendición teatralmente- ¿cambio de tema?- solicité.
Supe que había acertado con el cambio de tema cuando noté como se relajaban sus hombros. Mientras su mente desterraba la imagen de Nathan sus ojos se fijaron en mi nuevo medallón y mis pendientes. Entonces recordó en qué día vivía y sus ojos se a ampliaron como los de un búho y vi un atisbo de culpabilidad en ellos cuando se dio unos golpes en la cabeza.
- Soy una tonta de remate, ¿Cómo se me pudo olvidar que son tus cumpleaños? ¿Qué clase de amiga soy yo?
Sonreí a modo de respuesta.
- Mejor tarde que nunca, o eso dice mi vieja, así que… ¡Felicidades!- dijo saltando hacia a mí y empezando a dar tirones en mis sensibles orejas hasta dar dieciocho tirones- Ahora pareces un payaso de circo- acto seguido una carcajada brotó de sus labios, al parecer mis orejas rojas le daban una gracia impresionante.
No me sentí ofendida, es más, me toque la nariz e hice un ruidito como si fuera una bocina. Pronto las dos nos encontramos riendo enfrente del instituto, ya olvidadas sus aventuras y desventuras amorosas.
No sé cuánto tiempo estuvimos allí llorando por la risa antes de que viniera Ruth, con su porrito casi terminado en la boca, y nos avisara que las clases habían empezado para ese entonces. Cuando empezamos a caminar hacia la entrada a toda prisa nos dimos cuenta que Ruth, la siempre alegre e impulsiva chica con su eterno lema de carpe diem en cada paso que daba en su vida, se había quedado atrás, pero antes de que pudiera decir nada sobre aquello empezó a hablar.
- ¿Qué pensabais pues, que las fiestas se crean solas o qué?- nos dijo sonriente- La fiesta de esta noche será grandioso, os lo prometo, o si no yo no soy Ruth la. De un momento a otro aparecerá “Martini”-su verdadero nombre era Martina, pero por todas conocida como Martini, ya supondréis por qué- en su nuevo Renault laguna con todo lo necesario, alcohol incluido- fue en ese momento cuando se oyó el claxon- Es ella, nos vemos en la playa chicas- nos saludó mientras se dirigía hacia el coche.
Nos miramos a los ojos con una llama de excitación y una sonrisa amplia en los labios. ¡La fiesta! La fiesta que se celebraría aquella noche en la playa para celebrar el último día de instituto y el principio de nuestra vida como adultos responsables. Aquella noche abría conciertos, alcohol… lo que se describe en tres simples palabras: ¡sexo, droga y rock&roll!
Más felices que nunca nos adentramos en el edificio, cada una enfrascada en sus propias ensoñaciones. Ella, supuse, fantaseando con que Nacho se le declarara por una vez por todas y yo pensando que esa noche sería como ninguna otra de mi vida, esa noche cambiaría mi vida por completo.
En aquellos momentos no sabía la verdad que guardaban esos pensamientos…
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Dom Oct 10, 2010 3:31 am

¡Yeah, sex, drugs and rock and roll!
Mola, me gusta como es Laura, su personalidad y tal, es guay :]
Woah, espero seguir leyendo mas capis ^-^
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Dom Oct 10, 2010 8:32 am

Como no Ayra, ahora mismo subo. No puedo tener descontenta a mi unica lectora Very Happy
P.D: Los personajes estan basados en mis amigas, Laura es así en la vida real jejeje
3. Capítulo

Las piernas me empezaban a doler, esto del castigo no lo estaba llevaba bien, ¿a quién se le ocurre castigar a unas alumnas a estar de pie toda la clase en su último día? Solo había una persona la señora Trunchbull o como todas lo llamábamos Cuatropelos, tenías que ver su calva, se parecía a un tío de la tele llamado burusoiltxo. Dios sabe cuánto la odiábamos todos, desde los más pequeñitos hasta los mayores, por sus injustos castigos como este o esa vez que le hizo sentar en el suelo a Ruth por sentarse mal en clase o esa en la que encerró “Martini” en clase por pillarla haciendo pira a sus clases. Era una auténtica demonio.

Pero por lo menos no estaba sola, Laura me estaba acompañando en este tormento, aunque suponía que me iba a tirar una buena al terminar la clase y no me equivocaba, me culpaba a mí del retraso.

Tras esta clase infernal nos tocaban dos horas de eterno aburrimiento con nuestros sosos profesores de economía de empresas e historia. Gracias a dios que Laida, gracias a sus alegres comentarios y su interminable parloteo, las clases se me pasaran volando. Es una de las cosas buenas que tiene, que te contagia con su felicidad, además de su físico, ¿quién no se fijaría en una chica rubia con ojos azules y cuerpo esbelto que además era capitana del equipo de futbol femenino, aun siendo un poco bajita? Teníamos suerte de que fuera de nuestro grupo.

- ¡Somos libres!- gritó Laida dando saltitos de alegría a nuestro alrededor cuando las clases se dieron por finalizadas.

Todas la miramos con una sonrisa de oreja a oreja en nuestras caras, nadie podía estar triste a su alrededor, era imposible. Puede que ese fuera su secreto para llevarse tan bien con todo el mundo, aparte de que siempre viese lo bueno de la gente, su sonrisa los cautivaba como nos pasaba a nosotras.

Y cuando hablo de “nosotras” me refiero a nuestro selecto grupo de chicas, las cuales componíamos todo tipo de chicas y un par de tíos a las que les gustaba la fiesta. Éramos las reinas del mambo, sin nosotros una celebración no era una celebración si no un muermazo. Pues imaginaos ahora a todas nosotras en una fiesta juntas, sería para aparecer en las noticias.

- Chicas tengo que ir a prepararme, ¿nos vemos en la playa a eso de las seis?- pregunté.

- Claro- dijeron todas a la vez mientras me alejaba en dirección a mi casa.



Repasemos el atuendo. Llevaba un vestido sencillo con fondo escondido. El fondo estaba agarrado en una correa de color negro, lycra satinada. Un arco decorativo se adjuntaba en el lado izquierdo. El inicio del vestido era ajustado, las correas, adornado con dobladillo lacado. También llevaba mis pantalones ajuntados de lycra negro y en los pies mis romanas negras. Aunque lo que a los tíos les interesaría era mi bikini negro, un modelito de tirantes de espaguetti y muy bajo de pierna, al estilo Esther Williams en la película ‘Escuela de sirenas’, con estampados blancos grecas, que pensaba utilizar si se me ocurría darme un chapuzón o simplemente lucir.

Al pelo le di un poco más de volumen antes de salir de casa en dirección a la playa, la cual lo tenía a quince minutos a pata.

Y allí me encontraba ahora ante la gran obra maestra de Ruth y “Martini” a las seis. ¡Hasta habían montado un pequeño escenario en la que tocaría su grupo, Las Topless!

No pude más que maravillarme por lo bien que se lo habían montado en horario de clase. Al final terminaría siendo cierto lo que siempre decía Martini sobre que hacer piras puede llegar a ser productivo, y viendo esto… Había de todo: mesas llenos de comida, altavoces colocados en lugares estratégicos para mejor audición, sitios íntimos en el que pasar el raro, todo tipo de combinados de alcohol… La diversión estaba asegurada.

¿Pero y mis amigas? ¿Dónde estaban?

Miré en dirección al mini bar sabiendo que encontraría a “Martini” allí, y como supuse allí la encontré sirviéndole a un chico uno de sus mágicos cócteles. Oh, espera, ¡pero si estaban haciendo un concurso de quien bebía más! Pobre chico, no sabía que se enfrentaba a la mejor bebedora de toda la ciudad, lo iba a dejar en ridículo.

Cerca de allí vi a un grupo de chicos alrededor de Jane idolatrándola y otro más entorno a Laida, la cual hablaba por los codos sobre algún tema gracioso pues se reían a carcajadas.

Oí una sarta de insultos. Y es de dominio público que allí donde había gritos siempre encontrarías a Maggie (Magadalana) chinchando a Laura por algún asunto picante y ella pegándole e insultándole como una camionera. Que típico, siempre estaban como el perro y el gato. Un día de estos se harían daño y ya verían.

Aparté la mirada de esas dos y me encontré a una Ruth que se sentaba en su nuevo BMW-f.650-gs negro, que tanto sudor y lágrimas le había costado, preparando su guitarra para el gran concierto.

Y finalmente aquí venía Iraultza hacia mí con su novio Johnny.

- Hey Backy- me dio un gran abrazo- ¡Felicidades! Aquí tienes nuestro regalo- dijo mientras Johnny me lanzaba sonriente el nuevo CD de Avalanch.

- Ya sabíais que no quer…

- Shh, calla- me replicó.

No fue la única que vino con su regalito hacia mí, pero la que más gracia me dio fue la de Ruth.

- Tú, Blacky, mira lo que he conseguido sacarle a mi primo Jimmy para ti- movió la marihuana ante mi-. Son veinte euros de marichu del bueno, pero para conseguir tu regalillos antes…- dijo entre risillas mientras miraba a alguien que tenía detrás- ¡Al Agua!- gritó mientras un par de manos me agarraban y me llevaban al agua.

Todos empezaron a corear esas mismas palabras. Intenté forcejean, pero ¿Qué podía hacer contra Iraultza, la cual practicaba el kid-boxing, Johnny, quien jugaba al rugby, y Bingen, futbolista nato? Sabía admitir cuando una batalla estaba perdida. Pronto me vi volando hacia el mar y sentí el roce húmedo del agua salada en todo mi cuerpo cuando me zambullí sin otra opción. Mierda, ni siquiera me habían dado tiempo para desprenderme de la ropa, y ¿ahora qué?

- Qué buena, tía- dijo entre risas desde la orilla Ruth-. Eso se merece veinticinco euros.

- Gracias- una sonrisa maliciosa apareció en mis labios mientras me acercaba a ella muy despacio para que no sospechara de nada y antes de que se diera cuenta le había cogido de la mano y la conmigo al agua. Ojo por ojo.

Tuvimos una peleíta en el agua, de la que salimos caladas de cabeza a los pies. Por ello, nos vimos obligadas a desprendernos de toda nuestra ropa y dejarlos encima de una roca para secar, quedándonos únicamente con nuestros respectivos bikinis, daba gracias a mi sentido común por haberme instado traerlo puesto encima, para deleite de los chicos. Los chicos pueden llegar a ser un poco babosos cuando ven a chicas mojadas en bikini, de allí mi teoría de que todos ellos piensan con la entrepierna, con unas pocas excepciones.

Pero quitando a esos pesados que tenía que desprenderme la fiesta iba sobre ruedas. Nuestro pequeño espectáculo no era el único centro de atención. Vi que “Martini” seguía con su competición contra el chico, debía admitir que tenía mérito que para este entonces no se hubiera caído redondo teniendo en cuanta todo lo que estaban bebiendo. A su lado podías ver todas las botellas de alcohol amontonadas ya vacías de todo su contenido. Yo estaría vomitando en alguna esquina en su lugar, con solo pensarlo…

El concurso había llegado a su fin, uno de ellos había terminado arqueándose para vomitar hasta su primera papilla. Para asombro de todos los presentes, incluyendo a mi persona, no fue nuestra reina en beber con desenfreno la que ganó esa vez, si no que su contrincante. La ayudé en su empresa de tirar todo fuera apartándole el pelo de la cara, y por ello pude ver un brillo de asombro y admiración en los ojos de mi amiga. No había muchos que podrían ganarla de aquella manera y eso la impresiono.

Todos nos reímos a carcajadas, bromeamos con el chico sobre su triunfo y chinchamos un poquito a “Martini” por su inesperado fracaso, quien los encajó bien.

Así nos encontrábamos cuando vi aquella figura entrando en la playa, una figura que no reconocí, pero sí que me hizo aflorar el sueño de aquella noche.



Había caído por fin el día, y con él vino él. Sentí una inmensa alegría cuando sus fuertes y cálidos brazos me rodearon por la cintura, una alegría jamás saboreada se adentró en mí con sus dulces besos, quienes recorrían todo mi cuerpo. Me tenía hechizada, siempre había sido así, desde el primer día. Me sentía como si estuviera en el hogar, como si estuviera a salvo siempre y cuando que estuviera con él, como si él fuera mi hogar. No quería estar en ningún lado donde él no estuviese.

Puede que fuese por eso por lo que accedí a hacer esto por él…


Volví en mí al instante que lo perdí de vista. Mi mente se llenó de preguntas al instante: ¿Qué significaba aquel sueño? ¿A hacer qué se refería? Y lo más importante, ¿por qué me acordaba de ello al verlo a él?
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Ayla
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Lun Oct 11, 2010 12:09 am

Haha, bue, supongo que aqui no son mucho de seguir historias, y si lo son tampoco son de dejar comentarios, pero seguro que mas de uno ya ha leido tu histo xD
¿Asi que, basado en personajes reales, eh? Eso mola *-*
Sigue en cuanto puedas, que me has dejado con la intriga de quien sera el tio que ha visto en la playa *o*
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MensajeTema: Re: Lágrimas de Oro   Mar Oct 12, 2010 2:55 am

Eso espero, me gusta saber que la gente lee y aprecia lo que escribo. Aqui teneis el siguiente cap que os dejará intrigados y ansiosos por el siguiente cap Wink

4. Capítulo


- ¿Has visto eso?- me preguntó Iraultza señalando al agua.

Lo que vi allí me dejó patidifusa.

- Parece que Martini tiene un poco de calor, ¿no?- dijo riéndose de lo lindo.

Y es cierto, o debía de tener bastante calor si se había quitado toda su ropa o su concurso debía de haberle pasado factura en aquellos momentos. Y cuando digo toda me refiero a TODA la ropa. Se tiró de cabeza al agua como dios le trajo al mundo. Con la poca vergüenza típica de quien le ha afectado de sobremanera el alcohol. Y como siempre para mañana su subconsciente habría borrado todo este episodio. Sería grandioso ver la cara que pondría cuando le recordase lo hecho el día de hoy, solo esperaba tener una cámara a mano para inmortalizarlo. Soy un poco traviesa.

En ese momento miré a los chicos. Creo que en esta fiesta los chicos se estaban poniendo las botas, primero el numerito de Ruth y el mío en el agua con el sinuoso bikini y ahora este espectáculo. No podrían quejarse con que la fiesta ha sido un muermo y cosas así.

- Tú, Ruth, y ¿el concierto cuando es?- le preguntó Laura apartando los ojos, un tanto incomoda por la desnudes. Estoy segura que otro gallo cantaría si fuese un chico el que estuviera en el lugar de Martini.

- Tan pronto como mi ropa este seca empezaremos- miró por encima de nuestros hombros antes de dirigirse a mí- ¿Crees que ya estarán listos, Blacky, me dará tiempo para otro porrito?

- Puede- dije encogiéndome de hombros.

Hacía calor, así que supuse que así sería.

Ya estábamos preparadas para alejarnos de nuestra pandilla, la cual hablaba sobre algún jugoso tema, cuando un sonriente Bingen se nos plantó delante obstruyéndonos el camino hacia la roca.

- ¿Qué crees que haces?- le preguntamos las dos a la vez- Quita, que tenemos que ir a por la ropa- dijo Ruth mientras intentaba apartarlo de un empujón.

- Yo que vosotras no iría hacia allí- nos avisó con una sonrisa enigmática en los labios.

Yo conocía esa sonrisa de gato de Chesey y esos ojos achinados por la excitación que lo embargaba en aquel momento. Solo podía significar que él sabía algo que nosotras no sabíamos, algo que debíamos saber, un cotillón muy prometedor a tenor de su expresión. No había nada en el mundo de lo que Bingen no se enterase, no se le escapaba ni una, ¿sería un espía secreto del gobierno? ¿Tendría enchufe entre los peces gordos y por allí todos sus recursos? Ni idea. Lo que si sabía es que si querías algo de información debías preguntárselo a él, si no lo sabía en un par de llamabas lo averiguaría ipso facto.

Y sabiendo cómo era en nada más que cinco segundos explotaría y nos contaría qué se guardaba entre manos. Cinco, cuatro, tres, dos, un…

- Digamos que Martini está un tanto ocupada con su nuevo amigote detrás de la roca en la que está vuestra ropa- soltó sin poder contenerse por más tiempo.

- Y ese amigo es…- inquirió Jane.

- El chico que le ganó en la competición- dijo como si tal cosa, como si eso hubiera estado implícito en la frase- ¿sabíais que era cantante de un grupo también? Además es mayor que nosotros, tendrá unos veinti algo y es de la ciudad de al lado. Y parece que hacen buenas migas y lo que no son migas.

Y si mis cálculos no eran erróneos, y pocas veces lo eran, dentro de nada Maggie debía saltar con una de las suyas. Exactamente… ¡ahora!

- ¿Vamos a verlos?- nos preguntó mirándonos a los ojos con una sonrisa traviesa para incitarnos a ir.

A todos nos puso el pudor y el deseo que si alguna vez nos pasase a nosotros algo parecido no nos hicieran pasar el bochorno que supondría que todos nos pillaran en el tema al final.

Ruth y yo tuvimos olvidarnos de nuestras respectivas ropas por un tiempo, así que, ¿qué mejor modo de hacerlo que probando algún coctel o fumando mi regalillo de cumpleaños mientras hacíamos de tiempo? Dicho y hecho. No sabría decir todo lo que bebí, después de unos cuantos tragos me dejó de importar lo que ingería, tomaba todo lo que Laura o Ruth me ponían delante y así me encontraba feliz de la vida. Todos los problemas que pudiera tener se habían quedado enterrados por esa oleada de alcohol y los porritos, solo había cabida para la alegría desenfrenada.

- Chicas estoy morado- soltó de sopetón Bingen.

Todas nos quedamos impresionadas.

- Pero si no has fumado nada- le respondí al instante un poco confundida por su extraño comentario.

- Estoy morado- sonrió señalando su camiseta, que efectivamente era de color morado.

- Dios que chiste más malo- respondió Laura.

Aún así todas nos partimos el culo, es lo que tenía la maría, que te salía la risa floja a la mínima.

Estuvimos charlando sin parar un poco más hasta que vimos a una sonriente Martini acercándose hacia nosotros. Hubo unos cuantos comentarios jugosos por parte de Maggie, sino no sería ella misma, respecto a donde había estado y si lo había pasado bien. Pero para ese entonces Ruth y yo ya nos encontrábamos de camino a la roca para recuperar nuestras ropas, pues sin ropa no había concierto y sin concierto no había fiesta, y eso no era admisible.

- Es hora del espectáculo final- dijo Ruth mientras se abrochaba los pantalones.

Y aquí estaba, ante el escenario, rodeada de gente que se encontraba tan ansiosa como yo para oír a Las Topless, quienes subían en esos momentos al escenario entre aplausos, silbidos y todo tipo de piropos del tipo de: ¡Dime cómo te llamas y te pido para los Reyes! O ese otro, ¡Hay qué curvas! ¡Y yo que estoy sin frenos! O el que le oí decir a un asqueroso, ¡Niña, con ese cuerpo, yo te hacia un traje de saliva! Parecían obreros de tres al cuarto.

La gente se volvió loca al verlas y no era para menos con el aspecto que llevaban. Un top de lúrex negro que dejaba al descubierto su tripilla, unas minifaldas vaqueras con sus medias negras rotas para algunas y pantalones vaqueros rotos para otras. Y para redondear esa imagen se encontraba su alborotado cabello que les daba un aspecto salvaje, peligroso y prohibido, algo que a los chicos les encanta.

- ¿Qué tal peña?-preguntó Laida y la respuesta de los espectadores fue atronador, casi me quedé sorda- ¿Estáis preparados para la marcha?- otros gritos acompañaron a esa pregunta-¡Pues eso esperamos, porque Las Toples ya estamos aquí! ¡Demos así un gran aplauso a nuestra siempre morada guitarrista Ruth…! ¡A nuestra bajista malhumorada Laura…! ¡En el teclado la mejor coctelera de todos los tiempos Martini…! ¡y nuestro nuevo fichaje tío bueno como baterista, el primo de Ruth, Jimmy! ¡Y cómo no, a mí, la voz del grupo!- los aplausos no dejaron de oírse en ningún momento, en especial cuando mencionaron al tío bueno de Jimmy todas las chicas se volvieron locas. Dios, estaba como para comérselo. No había nadie que no hubiera soñado con Jimmy en algún momento de su vida.

La música comenzó a sonar y con él la voz de Laida se hizo oír con las letras de la canción “No estamos solos”. Una oscura historia sobre seres que habitan bajo el dictado de la noche, y para darle más realismo la voz de Laida se fue tornando más misteriosa y enigmática hasta que todos nos encontramos viviendo la canción.

Ha caído la noche
Mira a tu alrededor
Nada es lo que parece
En el callejón
Sombras oscuras invaden tu corazón
Miedo, temor y pánico
Se huele en el ambiente
Cuando cae la noche
Despierta del eterno sueño
Camina con sigilo
Hacia su presa
No os fieis de su aspecto
Nada es lo que parece
En el callejón
Invaden la tierra de Dios
Buscan con desenfreno
Un alma al que condenar
No quieres ser tú
Quien recibe la maldición
Pues nada vale ese infierno

****


El concierto fue un éxito total, no era de extrañar que todos se agolparan a su alrededor en busca de firmas, muestras reconocimientos y cariño o alguna miradita por parte de ellos nada más finalizar el concierto.

No espera, ¿dónde estaba Laida? No se encontraba con los demás miembros del grupo. Ah, allí estaba, alejada de los demás, hablando con… Pestañeé repetidas veces para verificar que lo que estaba viendo era real y no imaginaciones mías. La persona que se encontraba charlando con ella era la silueta familiar que al principio de la fiesta había visto, la misma silueta que me recordaba a mis sueños, la misma silueta que me daba mala espina.

Se encontraba charlando tranquilamente con él, con la despreocupadez típica de Laida. Era incapaz de ver nada malo en la gente, ese era su gran defecto, pues a mi ese chico me transmitía vibraciones muy peculiares, como si hubiera algo oscuro en él, algo que quería hacernos daño. Y esa parte era lo que Laida nunca podía ver hasta que era demasiado tarde, así la habían dañado los chicos. Pero esta vez no, esta vez iba a intervenir a tiempo para evitar que la dañase.

Iba a dirigirme a ellos cuando alguien me regó con su calimocho y tuve que volverme para lanzarle a esa sonrisa socarrona un buen guantazo, consiguiendo borrársela de la cara de inmediato al igual que sus ganas de flirtear conmigo. Y pensar que alguien podría caer tan bajo para estar con un bicho así… debía estar ciego si creía tener una oportunidad conmigo. A mí no me van los babosos descerebrados cebados de esteroides y así se lo hice saber.

Para cuando miré nuevamente al lugar donde la pareja había estado hablando solo encontré un vacio.

Se habían ido… eso no podía significar nada bueno, nada bueno…
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