Foro de discusión sobre la trilogía de Suzanne Collins Los Juegos del Hambre
 
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Bienvenidos al primer foro en español de la saga Los Juegos del Hambre, escrita por Suzanne Collins. En este foro encontrareis todo lo que necesiteis sobre la saga, su escritora y sus personajes, asi como juegos y concursos de todo tipo.
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 55º Juegos del Hambre.

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Prc95
Has sido elegido/a para representar a tu distrito en los Juegos del Hambre
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MensajeTema: 55º Juegos del Hambre.   Lun Abr 09, 2012 6:52 am

Empecé a escribir este fic a principios de curso, y lo terminé la semana pasada. Está colgado en otra página, pero no voy a hacer publicidad jajaja Lo digo sólo por si lo veis para que sepáis que es mio xD
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¿Qué harías sin un ser querido es enviado a una muerte segura?
Me llamo Riser Roshannes, tengo diecinueve años y mi hermano pequeño ha sido elegido como tributo del Distrito 7.

CAPÍTULO UNO
Me despierto al alba.

A mi lado, el cuerpecillo menudo de Tammy descansa hecho un ovillo. El cabello castaño desvaído le cae sobre la cara, ocultando sus infantiles facciones al resto del mundo. Tiene unas extremidades largas y muy delgadas que se curvan para adoptar una posición más cómoda.

Nuestra casa la componen únicamente dos habitaciones. La primera hace las funciones de cocina, sala de estar y dormitorio improvisado para mi y mis hermanos. En la segunda duerme nuestra abuela.

Me incorporo y me dirigo hacia el fregadero, que no es más que un barreño de latón y una garrafa con agua helada. Me lavo la cara y el cuello e intento domar mi rebelde cabello oscuro. En la pared hay un espejito sucio y medio roto que me devuelve el reflejo de un rostro anguloso y mentón cuadrado.

Me alegro de que la imagen que proyecto sea más parecida a la de un hombre joven que a la de un adolescente mayor. Es lo bueno de tener diecinueve años.

Un rápido vistazo hacia el barullo de mantas que conforman la cama de mi hermano Romulus, me indica de que se ha vuelto a ir sin avisar.

Presupongo que ha salido antes del amanecer, y que volverá justo para desayunar. No se pierde nunca una comida. Nadie está en condiciones de hacerlo.

Me pongo mis viejos pantalones de leñador, herencia paterna y me calzó mis botas. Me encantan esas botas. Son cómodas y resistentes, y me mantienen los pies calientes en invierno. Por encima de la camiseta interior, me pongo una camisa a cuadros negros y rojos.

Es mi ropa de todos los días, mi uniforme desde que cumplí los dieciocho años y me mandaron al bosque con un hacha en la mano.

Sin embargo hoy sustituiré la suavidad del bosque por la rudeza de la plaza del Distrito 7. Es el día de la Cosecha y, a pesar de haber superado ya la edad máxima para que mi nombre entre en el sortero, tengo miedo por mi hermano Romulus, que apenas ha cumplido los doce.

Mi ensimismamiento termina cuando Tammy salta sobre mi. Su cuerpecillo menudo se adhiere a mi espalda, y sus bracitos me rodeando.

- ¡Buenos días, Ris! -saluda alegremente.

- Hola, princesa -la cojo en brazos y dejo que me de un beso en la mejilla.

A sus siete años, es la niña más dulce y cariñosa que se puede encontrar en todo el Distrito. Una sonrisa eterna se dibuja en su boca desde que se levanta hasta que se acuesta.

- ¿Romulus se ha vuelto a ir? -mira aburrida al rincón de nuestro hermano.

- Seguro que vuelve dentro de muy poco -le digo. -Ya sabes cómo es. Le encanta desaparecer.

- ¡Puff! -bromea Tammy, abriendo las manos como si explotase algo.

- ¡Puff! -repitio yo con una sonrisa.

La dejo en el suelo y ella corre a vestirse. La ropa le queda grande, pero se la compro así a propósito para que le dure más tiempo. Los niños crecen muy deprisa, el dinero no.

La abuela se despierta cinco minutos después. Es una mujer baja y delgada, de rostro moreno y cabello canoso que se recoge en un moño bajo. Aunque no sé su edad con exactitud, sólo hace un par de años que dejó de trabajar.

Nos adoptó a mi y a mis hermanos cuando nuestra madre murió de aquellas terribles fiebre. Padre lo hizo, sólo dos semanas después de que Tammy naciese, aplastado por un árbol.

Prepara cuatro tazones de leche y justo cuando los está colocando sobre la mesa, entra Romulus.

Me es imposible no pensar, cada vez que lo veo, que es el vivo retrato de madre. Es bajo y fibroso, de extremidades finas y rostro ovalado. Tiene los ojos redondos y claros, del mismo azul intenso que tiene el cielo en las mañanas de primavera. La nariz recta y pequeña, la boca grande de labios carnosos. El pelo suave y sedoso, de un llamativo rubio platino que destaca entre las habituales cabezas castañas de los otros niños del colegio.

Deja sobre la mesa una talega con dos bollos de pan recién hecho, que miro con desconfianza. No tenemos el dinero suficiente como para comprar comida caliente.

La abuela lo mira con la misma desconfianza que yo, pero en vez de preguntarle de dónde los ha sacado, coge uno y lo parte en cuatro grandes rebanadas. Le da la más grande a Tammy y ella se queda con la más pequeña.

Durante el desayuno, la única que habla es mi hermana pequeña. Cuenta algo relacionado con el colegio y un chico que se cayó delante de toda la clase. Sonrio y asiento con la cabeza, haciéndole creer que escucho atentamente sus anécdotas.

Sin embargo, toda mi atención se centra en Romulus, que moja el pan en la leche, espera a que se empape bien y se lo lleva a la boca. No levanta la vista de su desayuno en ningún momento.

- Romu, cariño, te tengo guardada tu ropa -le dice la abuela con suavidad después de fregar los cacharros.

Mi hermano asiente sin reflejar ninguna emoción en el rostro.

Lo conozco demasiado bien para saber lo nervioso y asustado que se encuentra, aunque no lo exprese. Siempre ha sido callado e inexpresivo. Observa, aprende y repite.

Sólo con Tammy hace una excepción de vez en cuando, aunque cualquiera lo haría.

Romulus se encierra en la habitación de nuestra abuela para cambiarse y Tammy se entretiene jugando con su muñeca de paño.

La abuela me mira con tristeza y sacude la cabeza.

- No es el mismo desde lo de Rem... -suspira con pesar.

Rem.

¿Cómo olvidarla? La divertida y risueña Rem, sólo siete minutos más pequeña que Romulus y tan parecida a él, que sólo les diferencia el largo del cabello. Iban juntos a todos lados y eran practicamente inseparables.

Los recuerdo jugar con las cortinas de nuestra antigua casa, colocándose cada uno en un lado y apoyando sus mejillas una contra otra a través de la tela. «Seguramente hacían lo mismo cuando estaban dentro de mí», me dijo mamá un día, cuando no podían tener más de dos o tres años.

Existía entre ellos una conexión tan intima y especial, que a veces me sentía un intruso. Eran Rem y Romulus, y el resto del mundo les sobraba.

Sin embargo, Rem murió meses después que nuestra madre. Se la llevó la misma enfermedad. Romulus se aisló más en su propio mundo, y creó una barrera entre él y el resto de la sociedad.

- ¡Qué guapo estás, Romu!

Lleva una camisa blanca de manga larga abotonada hasta el cuello y unos pantalones negros de tela remetidos por dentro de sus viejas pero relucientes botas oscuras. Aunque quizás lo más llamativo de su aspecto es su pelo, sin lugar a duda. Se lo ha peinado a conciencia, y ahora lo lleva con una raya.

- Claro, Tammy. Tengo que salir bien si me va a ver todo el Capitolio -bromea, aunque apenas sí dibuja una efímera sonrisa.

Como no podemos salir hasta que los Agentes de la Paz vengan a buscarnos, nos acomodamos alrededor de la mesa y jugabamos con desgana a una partida de cartas.

Romulus, tenso como nunca antes lo haya podido estar, pierde varias veces seguidas hasta que acaba por abandonar el juego.

- Esto es una mierda -masculla, levantándose y dirgiéndose hacia el rincón más alejado: su cama.

Se sienta, arrugándose la camisa y los pantalones y se cruza de brazos.

Por suerto, el Agente de la Paz encargado de avisarnos llega pocos minutos después y casi me alegro de poder salir de nuestro minúsculo apartamento. Nuestros vecinos nos saludan con secos movimientos de cabezas, a los que nosotros correspondemos. Luego, todos nos encaminamos hasta la salida.

Los nuestros son una redes de apartamentos que desde el cielo se entremezclan formando lo que parecen unas especies de celdas, de ahí a que comunmente sean llamado «La Colmena». En ella viven principalmente los leñadores y sus familias, aunque algunos de los pisos más lujosos están ocupados por algunos cargos importantes de las fábricas.

Tammy se separa un poco de mi para unirse a los Cathwidges, una numerosa familia con más bocas que alimentar que dinero para comprar la comida. La mayoría de los hijos están entre los doce y los dieciocho años, y a nadie le sorprendería que alguno de ellos acabase siendo elegido como tributo, pues suelen pedir teselas mensualmente.

El camino hasta la plaza dura apenas quince minutos y, a medida que nos vamos a acercando, la decoración de las calles mejora. Veo que han atado lazos blancos en las farolas, y colgado girnaldas de flores en los balcones y ventanas. Todo tiene un aspecto demasiado alegre para mi gusto.

En mitad de la plaza han montado un enorme escenario semicircular y tres pantallas para que aquellos que se situen en los sitios más alejados no se pierdan detalle. El sitio está ya abarrotado de gente, y mi hermano debe ocupar su lugar en la fila de los que van a ser sorteados.

Intentando parecer tranquilo y despreocupado, le doy un cariñoso apretón de manos y le revuelvo el cabello:

- Luego nos vemos -me alegro de sonar firme.

La abuela le abraza y le llena la cara de besos a los que Romulus no opone resistencia alguna. Tammy, invadida por una repentina timidez, le da un besito de despedida en la mejilla y luego se aferra a mi mano.

Lo veo perderse trás un cordel que delimita el espacio de los niños y luego cojo a mi hermana en brazos.

- Vayamos a buscar sitio -le propongo a mi abuela. -Allí hay gradas.

Sin embargo, a las gradas solo pueden acceder ancianos y madres con hijos pequeños, así que le digo a mi abuela que se siente con Tammy. A mi no me importa permanecer de pie todo el acto.

Justo cuando el reloj de Edificio de Justicia da la una y media, nuestro alcalde, el señor Tooward, sube la escenario. Su aspecto delata que vive cien veces mejor que cualquiera de los hombres que me rodeada, y la calma de su rostro nos hace saber que no siente miedo por sus hijos, pues las posibilidades de que sean elegidos son tan remotas que casi resultan absurdas. De todos modos, todo el mundo sabe que si alguno de los hijos de Tooward acaba como tributo, algun chico se ofrecerá voluntario y Tooward recompensara gratamente a la familia.

Año tras año, su discurso no cambia. Habla de las catástrofes naturales que azotaron el planeta y redujeron toda la extensión de tierra a lo que antes se conocía como Norteamérica. Relata las guerras que hicieron que la población disminuyese aún más. Habla de la creación de Panem y del Capitolio, y de como este llevaba la paz a los trece distritos que lo rodeaban. Narra, como no, la rebelión de estos contra el Capitolio y de como acabaron siendo derrotados uno a uno. A excepción del último, al que aniquilaron. Como resultado a estos Días Oscuros, nació el Tratado de la Tración, que nos dio nuevas leyes para que nunca más se volviese a repetir. Y como «recordatorio» a una lucha perdida, se crearon los Juegos del Hambre, cuyas reglas, aunque sangrientas, no podían dejar de ser sencillas.

Un chico y una chica de cada distrito es elegido para participar, junto a los otros veintidós tributos, en un juego a vida o muerte. Se les encierra en un enorme estadio cuya decoración va cambiando por año. Hay una sola regla: el último que quede con vida, gana.

Durante años, el Distrito 7 ha visto como sus jóvenes iban muriendo de forma irremediable. Apenas hemos tenido ganadores desde que comenzasen los Juegos. Quizás sea por el hecho de que nuestra especialidad es la madera, y poco puede hacer un trozo de un árbol contra la experiencia de un tributo de alguno de los cuatro primeros distritos, chicos entrenados casi desde que nacieron.

Sin embargo, nuestra última ganadora, Cressida Roocklas, desde el primer día en la Arena se mostró como una sangrienta y fría adversaria. Su manejo del arco y las flechas era simplemente increíble, y su cuerpo delgado y fibroso le permitía acceder a las partes más altas de los árboles sin que sus ramas se quebrasen bajo su peso, así que desde allí disparaba mortalmente a los otros tributos.

Tras terminar su discurso y presentar a Roocklas, el alcalde se retira para dejar hablar a Iky Plumer, la acompañante del Distrito 7. Tiene el cabello largo y dorado y su rostro ha sido moficado geneticamente para obtener unos labios más gruesos y azulones y una nariz ridiculamente fina y puntiaguda. Al hablar, su voz resulta chillona y desagradable:

- ¡Felices quincuagésimos quintos Juegos del Hambre! -exclama con demasiada jovialidad. -¡Y que la suerte este de vuestra parte!

Y dicho esto comienza un aburrido discurso sobre el honor que supone para ella representar a un distrito tan trabajador y servial para el Capitolio como es el nuestro. Me hierve la sangre al escuchar el tono alegre que usa al hablar, como si los Juegos no fuesen más que una simple y divertida competición. Como si no se acabase cada año con veintitrés vidas inocentes y se cargase en la conciencia de un pobre adolescente el haber asesinado a sus compañeros.

Por fin, y después de casi diez largos minutos, pone fin a su discurso.

Se acerca hasta la urna de las chicas, dirige una radiente sonrisa al público y mete la mano. Durantes los tres escasos segundos que dedica a rozar las papeletas dobladas con las puntas de los dedos, todos en la plaza contenemos el aliento.

Me pregunto que pobra chica será elegida como tributo, y si la conoceré.

Iky saca por fin un trozo de papel, vuelve a su sitio y lee con voz clara y pausada:

- Keem Mallow.

Un murmullo recorre la plaza, preguntándose quién será Keem Mallow. Me sorprendo al no oír el grito desesperado de ninguna madre y clavo mis ojos en el escenario esperando a que la chica suba y se reuna con Iky, que no deja de sonreir.

Por fin, una figura pequeña avanza entre la multitud y sube las escaleras. Las cámaras le enfocan la cara y por las pantallas puedo ver que tiene alrededor de unos dieciséis o diecisiete años. Parece una chica cualquiera de piel bronceada y media melena trigueña.

- ¿Keem Mallow? -pregunta Iky.

- Claro -repone la chica, cuyo rostro está completamente blanco.

Me parece increíble que no se ponga a llorar, todos lo hacen cuando suben. Parece buscar a alguien con la mirada entre la multitud, pero sus ojos no se detienen un ningún sitio en particular.

- Bien, bien, bien -Iky no de sonreir. -Vayamos ahora a por nuestro tributo masculino, ¿quién será el afortunado?

Vuelve a acercarse a la urna y mete la mano. Rebusca en el fondo, agarra un papelito y justo antes de sacarlo lo suelta. Acaba de cambiar drásticamente el futuro de un chico y ni siquiera se da cuenta. Me digo a mi mismo que, quién sea el tributo chico maldecirá durante todo lo que le queda de vida el que Iky no hubiese sacado la primera papeleta.

Por fin se decidide por una y se acerca al microfóno.

- Y el chico que acompañará a Keem es... -abre lentamente la papeleta y la lee para ella, sin decir nada en voz alta.

Noto como mi corazón late a mi por horas. Romulus solo tiene una papeleta. Cualquiera de los chicos de los Cathwidges tiene muchas más posibilidades que mi hermano.

Pero la suerte hace mucho que abandonó a mi familia.

- ¡Romulus Roshannes!
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gabuchi20
Has sido elegido/a para representar a tu distrito en los Juegos del Hambre
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MensajeTema: Re: 55º Juegos del Hambre.   Mar Jul 31, 2012 12:19 pm

Oh! Me encantó. Me gusta como escribes, Eres excelente.
Continua por favor, bounce.
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Aleph
Conoces a tu equipo de preparación
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Localización : Detrás tuyo.

MensajeTema: Re: 55º Juegos del Hambre.   Miér Ago 01, 2012 1:39 pm

Muy buen relato, me gustó bastante, espero que continúes, tienes una habilidad para la escritura Very Happy
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Raquel
Haces tu entrevista con Ceasar
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MensajeTema: Re: 55º Juegos del Hambre.   Jue Ago 02, 2012 3:34 am

Lo mismo digo, me ha gustado mucho, tengo ganas de que subas el 2º capítulo Smile
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Iris Odair
Has sido elegido/a para representar a tu distrito en los Juegos del Hambre
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MensajeTema: Re: 55º Juegos del Hambre.   Jue Ago 02, 2012 4:17 am

¡Muy bueno! Me está gustando bastante. Escribes muy bien. Y al igual que los demás, te pido que sigas escribiendo este fic, que tiene pinta de que va a ser muy bueno.

¡Actualiza pronto, plis!
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MensajeTema: Re: 55º Juegos del Hambre.   

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55º Juegos del Hambre.
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