Foro de discusión sobre la trilogía de Suzanne Collins Los Juegos del Hambre
 
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 23º Juegos del Hambre

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TamashiTotoro
Llegas al Capitolio
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Localización : Andalucía, España

MensajeTema: 23º Juegos del Hambre   Miér Abr 25, 2012 5:00 am

Mis párpados reconocen la luz del día como si de sensores se tratase. Los rayos me dañan los ojos, obligándome a emitir un extraño gemido de molestia. Me escondo en las sábanas pero mi hermana me lo impide una y otra vez.
-¡Vamos Luca, que dormilón eres!
Soy el menor de mi familia. Mi hermana mayor, Menna, tiene veinte años así que es inmune al los Juegos del Hambre, eso me conforta lo duros días de la cosecha. Lo malo es que yo acabo de entrar en la pecera, como hermano pequeño que soy, soy el que más temen este día. Luego está el mediano, Tanir, que se pasa las horas mirando por la ventana a la gente pasar… es bastante extraño, pero es mi hermano y lo aprecio, además el comparte la pecera conmigo llevándome dos años de ventaja. Mi madre trabaja de camarera en el bar de al lado y, mi padre, se marchó al Capitolio como agente de la paz… no lo hemos vuelto a ver.
Me quito las sábanas definitivamente y miro la casa. Es sucia, estrecha y vieja, pero la rutina y la costumbre acaban apoderándose de ti.
Entro en la cocina. Más bien es una sala vacía llena de cachivaches que mi madre usa para cocinar. El polvo me produce un irremediable picor en la nariz, y tras este, un estornudo. Observo la escoba apoyada en la pared, inútil y mugrienta como el resto de la casa.
-¿Qué hay de desayunar? –digo, sin darme cuenta del error cometido
Mamá no está, es decir que hoy no comemos nada. Menna se ha ido a pasear, seguramente para ver a nuestra madre antes de adentrarse en el campo, a cultivar ya que en el Distrito 11 lo que trabajamos es la agricultura.
Tanir y yo estamos solos. Lo miro, está mirando la ventana una vez más. ¿Qué tendrá de especial aquella ventana? ¿Qué ve realmente Tanir? Ni idea, pero me acerco para ver qué es lo que le intriga.
-Tanir… ¿Qué pasa en la ventana?
-Anda Luca, déjame sólo ¿vale? Deberías estar preparándote para el día de la cosecha, nunca se sabe aunque… tu nombre es la primera vez que se mete en la pecera así que es cas improbable, y, aún así… me presentaría voluntario para salvarte.
Sus palabras me conmueven, aunque habla tan flojo que parece que se habla a sí mismo. Yo también quiero a Tamir, pero él es muy distante.
-Voy a salir a tomar el aire, ¿vienes?
-No, prefiero… -deja la frase en el aire y reanuda su labor.
Salgo al distrito. No hay ni un alma en la calle así que puedo escuchar a los sinsajos cantar. Aquellas criaturas me encantan, mezcla de charlajo y sisonte. La vocecita de los pájaros es tan bella que mis oídos la captan con ganas. Me pongo a bailar la dulce melodía, y, no me doy cuenta de que Tanir me mira por la ventana, riéndose… quizá la primera vez que lo veía así.
Entro de nuevo en la casa. Tanir me mira entrar, pero no me dice nada al sobre lo antes visto. Me meto en la ducha y decido limpiarme. El agua está helada, pero sé que no va a calentarse por ninguno de los motivos. Mi piel morena se hiela con el agua, mis ojos castaños se cierran, mi boca tirita constantemente, y mi corto y oscuro pelo cae con el peso del agua.
Salgo de la ducha y me doy cuenta de que han pasado ya más de dos horas. La verdad es que no me sorprende ya que he estado bastante tiempo en el agua.
Decido ir a coger verduras al campo de cultivo, aunque esté prohibido. Los agentes de la paz no se dan cuenta del delito, de ser así, ya hubiera muerto hace más de un año. Necesitamos comida, y la mejor manera es esa… es cierto que mamá se enfada, pero se alegra de las verduras que traigo.
Me acerco sigilosamente al campo de cultivo, y veo a Menna con trabajando, y de vez en cuando secándose el sudor de la frente. Parece ser que no hay agentes de la paz en ese momento ya que algunos de los trabajadores conversan con otros. Mi hermana me mira, una vez más, y me dice con gestos que me vaya. Me acerco un poco más al campo, pero de repente noto una mano en mi hombro
-¿Qué haces aquí chico? –me dice un hombre uniformado
Esto va mal… ¿ahora qué le digo? Mi punto fuerte no es el mentir pero sí el correr. Es cierto, soy bastante rápido, y eso me ha salvado más de una vez de los chicos del distrito. Salgo corriendo como puedo, estoy a punto de caerme por culpa de un hombre pero no me ralentiza, en absoluto, no me lo permito.
Salto una valla, que creo que sirve para marcar los límites del distrito, y me doy cuenta de que ya no van a por mí. Miro el bosque, que se extiende hasta muy lejos, y la curiosidad me invade. No puedo ir al bosque. Tanir me estará esperando, y aún así, es peligroso. Me acerco a la valla y me dispongo a treparla, como antes había hecho.
-¡No saltes! –Me dice un señor que pasa- ¡está electrocutada, te matarías!
Aguzo el oído y puedo escuchar, débilmente, un extraño ruido proveniente de la valla y por alguna razón me creo lo que el hombre ha dicho.
-¿Y cuando puedo volver?
-Antes de anochecer, la apagarán para guardar electricidad para la noche.
-Bueno, pues dígale a los Lancaster que llegaré tarde, si no sabe quiénes son pregunte.
El hombre se va, creo que será mejor quedarme allí, miro el bosque y se me ocurre echar un pequeño vistazo. Me interno en el bosque, y un maravilloso olor entra en mis fosas nasales que me atrae. Cuando recapacito, estoy frente a una charca no muy lejos de la valla. Todavía alcanzo a verla, tan sencilla, tan mortal… pensar que ese hombre quizá me ha salvado la vida…
Contemplo la charca, no muy extensa, pero algo apreciable. Hay múltiples peces nadando, creo que es la primera vez que veo un pez con vida. La imagen no es muy emotiva, y se vuelve aburrida por momento ya que el pez no hace nada… no me extraña que lo matemos para comérnoslo, la verdad es que está delicioso.
Pasan las horas, y pronto podré llegar a mi casa. Entonces me acuerdo de Tanir, hablando de los Juegos del Hambre. ¿Cuántos días quedan para el día de la cosecha? Supongo que tres o cuatro.
Decido acercarme a la valla. No sé si está activada ya que un sinsajo no para de cantar una melodía. ¿Una melodía? Tiene letra así que significa que hay alguien por aquí, jugando con el pájaro. Sigo el sonido del sinsajo y llego a un árbol, hay una chica enfrente cantando una melodía. La conozco, o me resulta familiar… me acuerdo de mi padre, la solíamos cantar juntos cuando iba a ver su trabajo en el campo, y ahora lo añoro.
-¿Cantas esta canción porque va a anochecer? –bromeo
-No exactamente –dice – me gusta escuchar a los sinsajos cantar ¿a ti no? Es una música tan relajante, su voz es chillona pero sin el tono desagradable de los demás pájaros.
No hablo, suponiendo que lo tomará por una afirmación. Miro el cielo, es la hora, salgo corriendo y escalo la valla camino a casa.
Cuando llego a casa unos agentes de la paz están sentados en el comedor. Me miran, y me indican que me acerque. Mi madre me mira, preocupada y feliz a la vez al ver que estoy a salvo.
-Mira Luca –empieza uno de los agentes- vamos a perdonarte por lo del campo ¿vale? Queríamos decírtelo a ti, pero electrificaron la valla justo cuando la escalaste.
-¿Cómo? –mamá se levanta de golpe, arrastrando la silla- ¿Has salido del distrito? Es peligroso, te lo he dicho miles de vez… podrías haber muerto, me tenías muy preocupada.
-Vale mamá –digo aburrido del sermón.
Los agentes de la paz se levantan y se marchan, parecen satisfechos con su trabajo. Subo a mi cuarto en cuanto la puerta principal se cierra, evitando las miradas de mis hermanos. Tocan a la puerta, pero decido esa noche no abrir.
La mañana me abre los ojos una vez más. Hoy estoy cansado y no tengo ganas de moverme, aunque bajo a ver a mis hermanos y más tarde salgo de la estancia. Los demás chicos juegan, pero ese no es el motivo por el que he salido.
Me acerco a la panadería, a oler la dulce fragancia del pan recién salido del horno. En el escaparate de la tienda hay unos deliciosos pasteles que creo que nunca probaré, no tenemos dinero para caprichos.
Esta tarde no me siento bien, tengo ganas de vomitar, de llorar, y no sé por qué. Quizá sea por el sufrimiento de Tanir, me duele que se dé por muerto. Odio al Capitolio, no entiendo porqué creó los juegos, sólo nos hacen sufrir. Mi madre intenta animar a Tanir, acompañada de Menna… ¿Era esto lo que tanto ansiaba él desde su ventana?
Me siento en unas escaleras y no puedo evitar la cascada que desprenden mis ojos, resulta que estoy llorando. No es lo que más suelo hacer, pero el dolor de mi familia me duele y lo callo, lo mantengo dentro de mí y no quiero compartir esto con nadie. Eso es lo que más dolor me provoca.
No quiero entrar a mi casa el día de hoy, quiero estar solo. Las escaleras se hacen cada vez más cómodas así que decido dejar mis ojos reposar y, sin querer, me duermo.
Cuando despierto es de noche, así que decido ir al bosque ya que sé que a esta hora la valla está sin electrocutar. Ella vuelve a estar cantando a los sinsajos, tan sonriente como ayer. Hoy lleva un carcaj con flechas en la espalda, y unas cuantas navajas en el cinturón.
-Me llamo Luca –le digo- creo que ayer no te lo dije… Luca Lancaster
-Encantada, soy Danna Wright… ¿Qué tal el día Luca?
-Pues no muy bien la verdad, pero es una larga historia –le sonrío- ¿eres cazadora? ¿sabes que es ilegal?
-Claro que lo sé, pero de noche no hay nadie que te lo impida, además es divertido y relajante… ¿te enseño?
No puedo evitar pedirle que me enseñe a disparar, a pelar la piel, a cazar con los cuchillos… la noche se pasa hora, y creo que he aprendido mucho. De las dos prefiero utilizar los cuchillos, son más cómodos y fáciles de llevar.
Es cierto que la caza relaja, me ha quitado la preocupación y me ha despejado la mente. Creo que ya va siendo hora de que vuelva a mi casa así que, limpio de tristeza, me despido de Danna.
Cuando he llegado a casa mi familia ya estaba despierta, y preocupada. Entro en la sala con mi saco lleno de animales salvajes y mi madre se enfada conmigo.
-¿Sabes que esto es ilegal niño? Como nos pillen nos matan a todos…
-Mama, creo que ya soy mayor para hacer lo que quiera, además es una manera de alimentarnos y de que la comida no empiece a escasear, solo cazaré por la noche ¿vale?
Parece que convenzo a mi madre ya que asiente y se pone a cocinar un delicioso filete.
Me dedico a cazar con Danna por la noche, y parece que he mejorado según ella. Me ha dicho que si me escogen como tributo ya tendré una oportunidad entre cien de ganar… bueno, por lo menos hay una.
Hoy es el día de la cosecha, el más esperado. Tanir se ha acercado a verme a mi cama, se ha sentado y me ha advertido de que si lo escogen, que no me presente voluntario o algo así aunque no lo he escuchado bien ya que mi mente está en el bosque.
Las campanas nos llaman para acudir a la plaza… es el momento. Hoy, para un chico o chica entre nosotros será su último día con su familia. Suena duro, pero es así… alguien de nosotros morirá. En la plaza están todos los chicos, pero decido ponerme con Danna… es la primera vez que la veo por la calle.
-¡Hola Distrito 11! –dice una mujer con dos peceras en las manos llena de papelitos- me llamo Minnie McGold, ¿empezamos?
El silencio engulle la plaza y nos empezamos a sentir incómodos los unos con los otros. La mujer rebusca en una, y coge un papelito.
-Las damas primero, como no… nuestra tributo para los septuagésimo terceros Juegos del Hambre es… ¡Danna Wright!
Miro a Danna… está llorando, la agarro del brazo para no dejarla ir y unos agentes de la paz me golpean, dejándome herido en el suelo. Se llevan a Danna al escenario… La mujer coge otro papelito, pero no oigo lo que dice. Unos chicos me llevan al escenario… ¿Qué está pasando? ¿Soy el tributo masculino? Miro a Tanir salir corriendo, asustado, a mi hermana llorando y a mi madre peleándose con unos agentes de la paz…
-Mierda –me escucho decir.
-Danna y Luca serán los tributos de este año… ¿alguien voluntario?
Nadie. Danna me abraza, y yo no puedo evitar llorar con ella, Minnie se da la vuelta y nos mira. A ella también le duele, pero intenta tapar sus lágrimas con un pañuelo.
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